Se trataba de una voz lejana que no conseguía identificar, como cuando en las películas los espíritus susurran cosas casi ininteligibles que te mantienen alerta sin poder localizar exactamente el origen.
En ese estado temporal de interés sostenido recorrí la calle en sentido de bajada, en dirección al Pº San Gregorio. Según avanzaba el sonido comenzaba a tomar forma. Empezaba a sonar como una regañina didáctica, un tirón de orejas educado.
De repente las piezas empezaron a encajar... primavera, una ventana abierta del INB Fray Andrés, época lectiva,… esa voz, esa voz… me giré hacia Ana, nos miramos y, con una extraña sonrisa de sorpresa, balbuceamos a la vez… ¡¡¡LA CATA!!! .
En un abrir y cerrar de ojos nombres como Ildefonso, El ‘Foni’, La ‘Piruli’, Celia, La ‘Lobato’ afloraron de nuevo en mi cabeza, les puse puntos suspensivos y añadí otro nombre… LA CATA.
Fue como ver a Harrison Ford junto a Shia LaBeouf en la última de Indiana. Dos generaciones se solapaban en el tiempo.
Allí estaba ella poniéndoles las pilas. La poetisa erótico festiva, la luz de los inmigrantes, el terror de las pistas de baile les estaba ‘dando caña’ a los ingenuos pipiolines que no sabían con quien se la jugaban.
Han pasado varios años y, después de varios movimientos por el tablero, la semilla volvió a su origen…
La segunda generación de Lebreles tiene punto de encuentro… el INB Fray Andrés.
Los que no vivís en la localidad no sufrais, seguro que monta algún curso de verano para poner a vuestra descendencia al día, porque por supuesto no los tendréis educados a un nivel adecuado con los tiempos que corren. Ya se lo recordaba ella a Rosa en Almodóvar… “chica, no sabía yo que tu eras tan antigua”,
”…modernízate”.
Amén.