- Venga Andoni, confiesa. Hace meses que no vemos a Ana, ya no estás con ella, pero mantienes el fantasma ante nosotros para ocultar algún secreto. Mi teoría es que tienes un rollo con un sesentón en Gandía y la relación con Ana es una tapadera.
Andoni sonrió. Cuando iba a contestar miró detrás de mi. Al darme la vuelta ví la figura frágil de Ana saliendo de un coche y acercándose mientras me saludaba con un hilo de voz.
- Ya era hora. -dijo dándome dos besos. Me quedé allí, incrédulo, mientras Andoni señalaba sus ojos con los dedos índice y corazón para después, en la distancia, señalar los míos.
Durante la comida vigilé su plato por ver si desaparecía paulatinamente la comida. Seguía creyendo que Ana no había venido, que no estaba allí. Calculé si el camarero al servir los platos evitaba tropezar con ella, eso me daría la prueba de definitiva de que la corporeidad frente a mi era real y no una fantasía inducida por Andoni.
Sí, desapareció algo de comida de su plato, pero muy poca.
Las copas de después no me ayudaron a aclararme. Perseguí sus movimientos torpemente en la oscuridad del bar, pero el humo y la gente a mi alrededor no me dejaron moverme. El chupito de vodka con caramelo fue demoledor y desistí, abandonándome a las reflexiones de Madriles sobre el cambio climático.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando un foco del bar me deslumbró. Antes de acertar a taparme la cara, una sombra se interpuso. El contraluz me impedía verle el rostro.
- Voy a acercarme a casa a comer algo y ahora regreso. -dijo Ana casi imperceptiblemente.
- O cea, que no fuelves. -le respondí como pude, entre el pedo y los ojos deslumbrados.
- No he estado creíble. Lo intentaré de nuevo. -Y reprodujo la excusa en un tono alegre, vivaz, obviando la desaparición que se iba a producir en unos segundos.
- Vaya, que no fuelves. -repetí, pero ya su sombra se había deslizado entre el humo sin apenas dejar volutas a su alrededor.
- Yo sí que vuelvo. -dijo Andoni tras ella.
Ya lo sé, Andoni, tú no eres de los que no se van. Ni con agua caliente.

1 Comentário:
Qué poético! Me recuerda a Casablanca, cuando Rick Blaine observa a Ilsa Lund adentrándose en la niebla (aunque sea en la cutre-niebla del Miner).
Gracias Chema, me ha gustado mucho, pero ¡sí comí! y me acabé el plato (casi).
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